Opinión y Más

"Ciudad para hacer ciudadanos o ciudadanos para hacer ciudad"

Por Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez

El desafío urbano representa uno de los temas prioritarios en la agenda pública y sobre todo en la vida de las personas. Asimismo, el siglo XXI avanza aceleradamente y en estas primeras dos décadas podemos identificar tres cuestiones relevantes que han marcado tendencia desde finales del siglo pasado:



  1. El exacerbado consumismo.

  2. La expansión urbana. Y,

  3. El envejecimiento poblacional.


El filósofo francés Gilles Lipovetsky ha trabajado sobre las diversas trasformaciones que la sociedad ha experimentado a partir de la Segunda Guerra Mundial, en donde las nuevas formas de consumo e individualismo han alcanzado niveles de exceso, dando lugar a generaciones de individuos que de manera inevitable “viven” la ciudad de forma diferente. Es decir, el espacio público o el espacio colectivo conceptualizado por Maurice Cerasi, ha derivado en los llamados “no lugares” de Marc Augé. Desde esta perspectiva, la ciudad posmoderna y siendo más precisa conforme a Lipovetsky, la ciudad hipermoderna se centra en la proliferación de inversiones inmobiliarias atractivas para el consumo y que, por tanto, establecen los escenarios perfectos para que las personas preferentemente, se identifiquen entre sí con base a sus formas de consumo. Entonces, ¿qué papel juega el espacio público en una sociedad atraída por la “era del consumo”? De manera simultánea, también se “consume” suelo en la periferia de Mérida, más allá de su anillo periférico. Por tanto, la ciudad de extiende entre urbanizaciones cerradas que van encapsulando a los asentamientos humanos de las comisarías y subcomisarías, localizados preferentemente en el norte. Sin embargo, el proceso de expansión se manifiesta en diferentes formas sobre el territorio municipal. Esto nos lleva a reconocer que el “consumo” de suelo, la mercancía más preciada de una ciudad, puede verse positivamente por el impacto económico que generan las inversiones inmobiliarias. Pero al mismo tiempo, queda latente la cuestión de la dimensión pública de la ciudad y sobre cómo la experiencia urbana puede contribuir, no solo en mejorar la calidad de vida de sus habitantes, sino ir más allá, para poder generar el sentido de ciudadanía. Es decir, ser habitantes responsables y conscientes de que formamos parte de una sociedad, y este reconocimiento y respeto social, se manifiesta en el espacio público. Además, tenemos que somos una sociedad que está envejeciendo, para el 2030 se estima que 3 de cada 10 mexicanos formaran parte del grupo de la tercera edad, de 60 años y más. Entonces, habría que cuestionar dónde queda la población que envejece en este modelo urbano expansivo que funciona como el soporte de un estilo de vida consumista. ¿Hasta qué punto la ciudad hace ciudadanos? Y ¿cómo los ciudadanos podemos hacer ciudad? Los cuestionamientos son muy complejos, pero quiero precisar que hoy más que nunca, debemos pensar como sociedad en el futuro de nuestras ciudades desde la perspectiva del envejecimiento poblacional. Asimismo, estoy convencida de que el espacio público es el territorio más amplio que puede tener una ciudad para educar y respetar a su gente.

27 Feb 2020