Ampliación de la Gran Plaza y la oportunidad para el proyecto urbano

Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez

En la primera mitad del año 1994 se inauguró la Gran Plaza, uno de los polos comerciales y de entretenimiento más importantes de la ciudad de Mérida. A lo largo de casi una década compartió junto con Plaza Las Américas en el poniente, el gusto por los meridanos y también por visitantes. A partir de estas concentraciones comerciales, se empezaron a dar tendencias de crecimiento y consolidación, algunas más rápido que otras, y que al entretejerse con la dinámica natural de la ciudad, van generando caos en las vialidades.

La velocidad con la que se desarrollan estos proyectos comerciales, es mucho mayor que la respuesta que se le puede dar al problema vial en el corto plazo, y ni qué decir en el largo plazo. Sin embargo, en cuestión de infraestructuras no hay que ahorrar y mucho menos escatimar en inversiones para el largo plazo y con visión de alto alcance competitivo.

El tema de la movilidad no es una cuestión para embellecer el discurso de oportunidad, debe de estar en la agenda pública como una prioridad y como una respuesta responsable al derecho a la ciudad. La inversión privada depende la inversión pública y viceversa. Es evidente que mientras mejores infraestructuras tenga una ciudad, podrá aspirar a mejores oportunidades de inversión.

En este sentido, invertir en movilidad en nuestra ciudad, es una oportunidad para articular los beneficios de las inversiones privadas con escenarios públicos competitivos y de calidad urbana. Hay que precisar que el tema movilidad es una manera de entender integralmente la problemática que se vive hoy en día en nuestras calles. Partiendo del hecho de que todos somos peatones y de que todos tenemos el derecho de usar la calle para una acción básica que es la desplazarnos de un lugar a otro. Algunos caminado, otros en bicicleta, en transporte público o privado, todos sin excepción usamos la calle. Por lo tanto la movilidad implicaría integrar acciones conducentes a mejorar los desplazamientos de la población, prestando especial atención a los que no usan el automóvil privado.

Desde la política pública el mensaje nos dice que dejemos de usar el vehículo, para desplazarnos en bicicleta o caminando, por una cuestión de salud y ambiental. Pero las acciones urbanas sólo se orientan a realizar más avenidas para los autos y dejando a un lado los otros tipos de movilidad. Además hay que integrar a esta problemática la visión de género, es decir, desde los grupos más vulnerables: mujeres, niños, adultos de la tercera edad, gente con alguna discapacidad. Todas estas personas día con día se desplazan por la ciudad, arriesgando sus vidas por llegar a tiempo a la escuela, al trabajo, a la guardería o a una cita médica.

Por consiguiente, los grandes proyectos inmobiliarios que se gestan en la ciudad, son una gran oportunidad para desarrollar acciones de movilidad ambiciosas y contundentes, a tal grado de que todos, hasta el que usa exclusivamente el auto, prefiera otro tipo de movilidad. Cuando se iniciaron las pláticas para integrar el Metro al sistema de transporte público de la Ciudad de México a finales de la década de los sesentas, uno de los primeros cuestionamientos del gobierno fue que iba a costar mucho dinero, además de todos los inconvenientes que implicaba gestionar y desarrollar una infraestructura de tal envergadura. Los inversionistas franceses argumentaron: ¿Cuánto les va a costar NO hacerlo?.

Si bien Mérida no requiere un Metro, sí se necesitan planes, proyectos y obras que dignifiquen la movilidad y el espacio público, sin importar el gasto que a través de participaciones mixtas públicas-privadas se requiera, debido a que las relaciones costo-eficiencia y costo-beneficio redundaran en una ciudad atractiva no sólo para invertir, sino sobre todo para tener calidad de vida. 

En este mismo orden de ideas, la zona de la Gran Plaza empieza prepararse para su tercera ampliación, y el análisis no puede limitarse exclusivamente a los terrenos en los cuales se desarrollara la construcción. Hay que establecer cálculos de flujos a lo largo de Prolongación de Montejo y su salida a Progreso, con todas las cargas vehiculares que conllevan los usos de suelo actuales (Siglo XXI, Liverpool, Costco, Chedrahui, Escuelas), junto con los que están en camino (Vía Montejo). Para ponderar cual será el costo de integrar una propuesta de movilidad, que vaya más allá de sólo ampliar vialidades y que logre apegarse a la política pública desde la visión de género.

Porque en términos de competitividad urbana, no puede paralizarse determinado sector de la ciudad, causado por el congestionamiento vial derivado de los usos del suelo comerciales y/o de servicios. Ya que además del tiempo y costo que representa para los usuarios, hay una condición prioritaria a la cual la ciudad debe responder de manera eficiente, es la de la protección civil y el auxilio médico a la población en cualquier caso de contingencia que se requiera.

Por lo tanto, la ampliación de la Gran Plaza representa una oportunidad para formular una visión integral de la zona, en un gran proyecto urbano en donde todos los sectores participen activamente con un solo objetivo en mente: que el crecimiento comercial se manifieste en el desarrollo y dignificación del espacio público desde la visión de género y la movilidad segura, que realce las cualidades ambientales del lugar, así como también que perfile la identidad de la zona a través de lo que CORDEMEX como barrio representó en el siglo pasado. De lo contrario, habrá que responder ¿Cuánto nos va a costar NO hacerlo?.